viernes, 29 de enero de 2016

Una dama entre ruinas, Serie Amor y Guerra,3. FRAGMENTO.

Fragmento de mi siguiente novela, Una dama entre ruinas, Serie Amor y Guerra, 3 (en preparación). Romance y aventuras en el marco de la 2ªGM

    Ajmátova sacudió el polvo de las solapas de la guerrera descendiendo de su jeep. Extendió la vista en derredor, sonrió. Estaba en Berlín. No en su ciudadela-aún-pero sí uno de los barrios cercanos.          Amanecía sobre sus calles, alguna vez fueron magníficas, hoy llenas de cascotes, socavones y barricadas montadas con restos casi irreconocibles por sus mismos ciudadanos en un intento vano de detener su avance.
    Algunos de ellos se habían atrincherado durante los últimos cuatro días en edificios y sótanos. Integrados o no en los restos del ejército alemán, manejando con mejor o peor pericia multitud de armamento, a veces con contadas municiones, se aprestaban a morir luchando. No esperaba menos.        Defendiendo en ocasiones pequeños reductos habitados con mujeres y críos. Estas también luchaban, a veces preferían morir a entregarse. Y las que se dejaban atrapar, prefirieron estar muertas. Los soldados de avanzadilla eran la morralla del ejército. La carne de cañón, sacada de cárceles por crímenes de lo más variopinto.
    No eran demasiado amables con la población, ni siquiera con la mujeres.
    Ajmátova optaba por mirar hacia otro lado. La gran madre Rusia también había padecido a manos de los alemanes. Aldeas enteras arrasadas, si hacer distinción de edad, o sexo. Las soviéticas sufrieron a sus manos toda clase de vejaciones, pero la mayoría prefería morir a entregarse.
Ahora era el turno de esas cerdas. Shto paséesh, to i pazhnésh.1
    —¡Capitán Ajmatova!
    Apenas dedicó una mirada al teniente de aquel grupo de soldados. Lo conocía de vista, pertenecía a una división distinta. El robusto joven se cuadró a su izquierda, sin impedirle que continuase observando con una sonrisa las columnas de humo y polvo en suspensión por todo el cielo de la capital germana.
     —Diga, teniente Sesenko. ¿Qué dice que han encontrado para mí?
    —Capitán, un hombre, un tal Germaik. Lo detuvimos hace unas horas. Tras reducir la resistencia de la zona, tendía una bandera blanca y gritaba su nombre, capitán. Habla en nuestro idioma, y dice que ha estado en ocasiones a su servicio.
Ajmátova, negó con la cabeza. ¿Ese zorro de Germaik entre las ruinas de la capital? Eso era digno de verse. Miró al teniente, con gesto cansino se cruzó de brazos.
    —Tráigalo a mi presencia.
    A su señal Sesenko se alejó apenas para dar las órdenes. Tras uno de los camiones arrastraron a un tipo demasiado bien vestido para ese lugar y condiciones. Un individuo de estatura media, cabello oscuro, entrecano, barba recortada. Los rasgos del tipo fueron reconocibles a la perfección por Ajmátova. No había duda, era Germaik en persona.
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1- Refrán ruso. Recoges lo que siembras.

6 comentarios:

  1. Cuándo podremos disfrutar de la novela.
    Un saludo
    María

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    1. En correcciones está. Espero que en un mes y poco más. Perdón por la espera 😊.Un saludo.

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  2. por favor, dime que pronto podremos tenerlo en nuestras manos, en serio que muero por leer la historia de Kurt.

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    1. Hola Julianne. Espero terminar en breves días mi contrato laboral. En cuanto regrese a casa lo termino de poner a punto. Un saludo y gracias por tu comentario y tu paciencia.

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  3. Hola, realmente me encantaron las novas anteriores, escribes genial. Me pregunto si aun saldra a la luz el libro de Kurt, lo espero con ansias!

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  4. Hola. Saldrá, no te preocupes. Es mi próximo proyecto a finalizar. Un saludo y gracias por tus palabras.

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