AMOR SOBRE DOS RUEDAS




Amor sobre dos ruedas, son cinco historias de amor entrelazadas, como nexo común una tienda taller de motocicletas Harley, todas contadas en primera persona por sus protagonistas. Ellos os hablaran de su vida, sentimientos, emociones, dudas, miedos, ilusiones...
Desde el primer amor juvenil, hasta el maduro, pasando por situaciones divertidas, de acción, de equívocos, pasión, todas llenas de esa emoción que nos mueve a la que llamamos “amor”.
Prepárate para seguir las andanzas de Úrsula y Juan, la chica motera y el chico clásico. Math y Jonny, un par de gemelos enamorados de una misma chica. Las de Frank, un viejo motero y Carmen, que a su edad ya nadie esperaría que...  Alba y Marcos, rozando la barrera entre la juventud y la madurez, una noche de loca de pasión, y meses de dolor de cabeza. Y qué deciros de Vicky y “J”, ¿odio o amor a primera vista?
En fin, no cuento más, “Amor sobre dos ruedas”, os espera.


Nota de autor: En este relato encontrarás muchos modismos del habla del sur de Andalucía. Las palabras van señaladas por cursiva, igual que los anglicismos. También se usan muchas expresiones y formas de expresión coloquial de la zona, se hace así adrede, para remarcar el carácter de las personas de esta tierra, y de como el habla es parte de su cultura y forma de ver la vida. Algunas no van acompañados  de notas aclaratorias a pie de página porque se sobreentienden por el contexto. Se ruega no tomar como faltas de ortografía cuestiones como que falten o no se use la consonante de la última sílaba. Aquí solemos “comernos las letras”, “Tener cuidao con eso”.


ESPACIO/TIEMPO

Ambientada en la actualidad, en sitios que conozco tanto como Cádiz, El Puerto de Santa María, La ruta de las pueblos blancos (España), pequeñas pinceladas de los lugares que vivo a diario o visito a menudo. Podréis conocer con ella un poco de la tierra donde nací, donde vivo, que siento mía.

PERSONAJES

Mis protagonistas principales, e hilos conductores de la trama son una familia de origen estadounidense, fundada por Frank Donahue, casado con una española Úrsula Montes, los cuales tuvieron tres chicos, una chica, Úrsula o Ursie, y dos gemelos con seis años de diferencia de la primera, "Los Bestias Pardas", Math y Jonny, como los llama su hermana,

Frank Donahue enviudó hace veinte años, y crió solo a sus tres vástagos, entre su casa, su taller de Harleys. Ellos serán los protagonistas de nuestras historias de amor. Desde el primer amor, al ese que nadie espera.

Frank, es todo un padrazo, ex fuerzas armadas de los EEUU, vive en El Puerto de Santa María desde que conoció a Úrsula, abandonando entonces el ejército y dedicándose a su pasión por el motor.



Úrsula Donahue, o Ursie, hija mayor de Frank, es la que más se parece a  este en carácter, y en su afición por los tatuajes. Es una motera nata, montó antes en una Harley que aprendió a andar.





Los Bestias Pardas, Math y Jonny Donahue son gemelos, idénticos como dos gotas de agua, pero muy diferentes de carácter.



Math es un chico dulce, tierno, a pesar de sus pintas de oso, con pelo descuidado, y barba. Esa imagen es  como su defensa contra el mundo, la de tipo peligroso, cuando en realidad...



Jonny es ese chico guapo, "mojabragas", que alardea de ir de flor en flor, pero que en realidad siente un vacío muy grande en su interior, que ninguna de sus conquistas puede ser capaz de llenar.



Ellos son el nexo, el hilo conductor, a través de sus andanzas conoceréis a sus amores, ya una colección de personajes secundarios que os llegarán al corazón.

LENGUAJE/INTIMIDADES/ADVERTENCIAS

Como os hago partícipe en la NOTA DE AUTOR  que acompaña a la sinopsis, esta novela está escrita con el habla de la gente de mi tierra, llena de nuestros matices, de nuestra cultura e idiosincrasia, sin caer en los tópicos, al menos eso he intentado).

Mis chicos son como mi tierra, apasionados, únicos, un punto de rebeldía, trabajadores, gente de día a día, os darán todo lo que tienen, porque son así, no hay vuelta de hoja.

Mi alma de motera de motos coustom está aquí reflejada, muchas cosas de las que siento cuando cabalgo a lomos de  mi máquina están dentro de estas páginas, espero mostraros ese mundo que adoro , y que os guste.

Este trabajo es un capricho mío, antes de seguir con mi serie Amor y Guerra. Un pequeño paréntesis, escrita, corregida maquetada y diseño de portada de mi propia mano, por lo que ruego vuestra condescendencia pues en muchas cosas habré fallado.

Pero soy así, un poco impulsiva. Ha sido un trabajo de justo veinticuatro días, entre escritura, y preparación. He dormido cada día apenas cuatro horas, además de mi trabajo fuera de casa, Ha sido una locura total, pero por esas locuras me conoceréis mejor.

Sin más os invito a su movie book, y a leerla.





myBook.to/amorsobredosruedas

5     FRAGMENTOS    5


AMOR SOBRE DOS  RUEDAS





Úrsula tiró de la moto para ponerla sobre su caballete antes de pasar su larga pierna enfundada en cuero sobre esta para bajarse y quedarse a medio metro de Juan, con los brazos en jarras y el casco en la mano.
— ¿Decías Nene?
—Tu número de teléfono guapa, si te parece bien—. Juan no retrocedió ni un centímetro, al contrario, diría yo que le plantó cara a mi amiga con media sonrisa y sacando un bolígrafo de su camisa como arma.
Ella se quedó por un momento descolocada. Cuando se bajaba de la moto y se erguía en todo su metro ochenta, muchos tipos se echaban para atrás. Sin embargo Juanillo sacaba un boli de su bolsillo. Para ella, inaudito lo que hizo. 
La vimos tomar el artilugio de escritura, casi arrebatándolo de la mano al chico y tirando de su brazo moreno para apuntarle en números extra grandes sobre la masculina piel, su móvil. Él, mientras tanto, sonreía como tonto.
A esto mi marido me soltó con un cachete en el trasero, y pude salir hacia donde estaba mi amiga, tras darle un corto beso en los labios. Escuché como Úrsula advertía seriamente a Juan.
—No soy una tía para tonterías Nene.
—Ni yo un tipo cualquiera, Nena. Te llamo esta noche para quedar mañana sábado—le dedicó su mejor sonrisa de Tenorio—. Hasta luego guapa, tengo que seguir currando.


UNA REINA, DOS ASES




Quise ascender las escaleras para seguir registrando el lugar, no tomé más de tres escalones, cuando escuché ruido bajo ella. La puerta que había desechado por ser apenas un agujero, se abrió de golpe, y un bulto se deslizo de ella medio a gatas, intentando llegar hacia la salida.
Una forma femenina que intentaba escapar me hizo saltar los escalones y atraparla antes de que pusiese un pie en la puerta.
Mi brazo ciñó la fina cintura y la alcé en volandas. Ella intentó chillar, pero temiendo alertar a alguien que hubiese escondido o a los posibles habitantes de las viviendas adyacentes, mi otra mano voló hacia la boca de la chica.
El grito murió en la garganta de la alta jovencita, que no llegaría a pesar los sesenta kilos. Cerré la puerta con el pié y me parapeté contra la pared, escuché unos segundos a mi alrededor.
La pieza que tenía asida, temblaba ostensiblemente, intentó patalear en el aire y sus uñas rotas arañarme la piel. Me acerqué a su oído y susurré.
Escucha, chica, quieta y no te pasará nada.
Eso no pareció convencerla, ni remotamente tranquilizarla.
Renovó sus esfuerzos para huir de mí, el pecho de la joven subía y bajaba rápido, casi hiperventilando. Hasta que en un segundo, quedó completamente exánime en mi abrazo.
Temí en ese instante que fuese una treta, no la solté, ni quité la mano de sus labios y eso que ya había notado un poco antes una mordedura. Pero las respiraciones disminuyeron y la cabeza de la joven empezó a ladearse. Joder, si no se había desmayado.
Aquel asqueroso lugar no era el ideal para atenderla. Con cuidado quité la mano de su boca, sin fiarme demasiado. Pero ahora realmente su cuerpo cayó contra el mío, desfallecido. Si no la tuviese firmemente tomada de la cintura, hubiese rodado hasta el asqueroso suelo. La levanté entre mis brazos y la acerqué a la ventana, para que la poca luz se reflejase en su rostro.




LOS VIEJOS ROCKEROS NUNCA MUEREN






Calculé la hora de su salida y la esperé, en una sombra cerca de la puerta. Agosto las hacía pasar canutas a tipos como yo que usan cuero para ir en moto. Al final tuve que sacarme mi cazadora y quedarme con una camiseta enorme de las que me gustan, con una ondeante bandera americana, cruzada con un águila calva. La dejé sobre el tanque de mi máquina, y esperé.
No fue demasiado, al poco vi salir a Reyes, tan guapa como siempre, y a su lado otra belleza pelirroja. Tuve que hacer un esfuerzo para no babear, y coordinar movimiento de bajarme de mi Harley y dejarla en su caballete.
Mi mirada estaba enganchada a la mujer de cabello rojo.
Debía de rondar mi edad, atractiva a rabiar. Tenía unos vivaces ojos a los que no alcancé a ver el color hasta que ambas estuvieron a mi altura. Las pequeñas arruguitas de la risa no hacían más que añadir el atractivo de la experiencia, y mostrar que sabía reírse de la vida.
Saqué pecho instintivamente, alisé mi camiseta, y pensé por qué demonios no me había puesto algo un poco más formal ese justo día. A apenas un par de metros mientras Reyes empezaba a saludarme, busqué si en el dedo de la dama había algún anillo de compromiso.
Sí lo había, eran dos, uno de ellos mucho mayor que el otro, sujetándose exclusivamente por que el pequeño no lo dejaba deslizarse ni escapar. Tomé aire decidido a averiguar lo que pudiese sobre la pelirroja.
— ¡Hola Frank! Qué alegría verte, ¿Qué haces por aquí?
No pude contestar, cuando la amiga de Reyes se soltó de su brazo mirándola.

—Querida, te dejo, mañana nos vemos.
Pero fui más rápido.
—Hola Reyes, guapetona, ¿no me presentas a tu preciosa compañera?
— ¡Claro!—la pelirroja no pudo escapar entonces, con un suave gesto recolocó un mechón de su rizado cabello hacia atrás—Carmen, deja que te presente a mi amigo Frank, es el padre de mi amiga Úrsula ¡El suegro de nuestro Juanillo!
—Encantado, Carmen—tomé la mano que me alargaba para en vez de estrecharla simplemente, llevármela a los labios como haría un caballero del sur—Reyes, no sé de donde sacas amigas tan hermosas.
—Qué galante Frank—dijo Reyes, su amiga balbuceó un “encantada”.
Juraría que arranque los colores y una sonrisa sincera a la dama, pero no me di del todo por satisfecho. Me llevé las manos al bolsillo de mi chaqueta ¡Mierda! Estaba sobre la moto, tuve que dar tres pasos atrás y mientras tanto Carmen intentaba huir.



MI PRETTY WOMAN





A solas, cuando se cerraron las puertas, mi cuerpo la empujó contra los espejos, tomando al asalto esa preciosa boca. No me importaba a cuantos había besado, con cuantos hubiese subido a habitaciones de hotel, ahora era mía, como le pedí. Sin preguntas, ni porqués, solos ella y yo, hasta el alba.
Cuando se abrieron las puertas continué un poco más, perdido en ese primer beso, saboreando a conciencia su boca grana. Puse la mano en el dintel, impidiendo que se cerrara sobre nosotros. Caminé con ella pasillo adelante, robando besos y caricias de la preciosa morena que me seguía en mi locura.
Llegué a la puerta, y busqué en mi bolsillo la tarjeta, la pasé por su ranura y entré.
La 224 seguramente era una suite preciosa, pero solo podía pensar en la mujer que llevaba de la mano, y de la cual, cuando cerré la puerta, casi la estrujé contra mi pecho con otro beso que nos robó a ambos el aire.
Me separé de ella para tomar su rostro entre las manos, su respiración era trabajosa, como la mía, había colores naturales en su cara, con aquella luz comprobé que salvo el lápiz que enfatizaba su mirada y el labial que casi había desaparecido. Su piel no tenía nada de maquillaje, no lo necesitaba.
Ella puso las manos sobre mi pecho, sonrió pidiendo una tregua.
—Erick, esta señorita a de ir al baño un instante.
—No tardes demasiado—dije.
— ¿O qué? ¿Empezarías sin mí?


CON V DE VICTORIA






En el sofá, con el oscuro cabello revuelto, vestida con solo ese camisón de encaje adornando sus carnes, dejándolas translucir a la vez, en posición fetal, estaba mi “no invitada”.
No pensé cuando la mandé para afuera como única opción, seguramente decente para una chica que no me conocía de nada, que llevaba tan poco puesto encima, que no tenía con qué cubrirse. 
No recordé que no había ni una manta a la vista, ni ella conocía la casa para saber que en el pasillo, en el armario hay un montón de sábanas, edredones y mantas. 
Finales de octubre era fresco, y esa casa que se usaba tan poco, su temperatura ambiente estaba por los suelos
En tres pasos estuve ante ella que parecía temblar entre sueños, y la alcé en mis brazos. De nuevo su grito agudo me hirió los oídos, junto a la retahíla de palabras italianas, de las cuales distinguí 
perfectamente aunque no entendí la mitad: “insensibilli animale” “testa di cazzo” “vaffanculo”...
Saqué en claro animal, y culo.
Me importó poco, a lo mejor así entraba en calor, porque su piel contra la mía era hielo. Una vez en el dormitorio, donde aún estaba la cama deshecha, la dejé caer a un metro del colchón. Su bonito y redondo trasero rebotó un par de veces, así de buenos eran sus muelles recubiertos del mejor viscolatex.
Me carcajeé en su cara ofendida y roja, y lancé sobre ella las arrugadas sábanas y la colcha.
Pero ella no se estuvo quieta, se puso de rodillas en un salto y me cruzó la cara de una bofetada bien fuerte. Sorprendido, me llevé la mano a la mejilla herida.
—Bastardo—escupió antes de intentar lanzarse contra mi cara con sus uñas como una pantera.
Ah, no, no iba a dejar que esa gata salvaje me marcase el rostro, sujeté sus manos por las muñecas, frenando su ataque. Tenía brío la italiana, Porque, a pesar de su mala posición, intentó patearme los huevos, y eso sí que no, mis joyas son sagradas.
—Estate quieta, mujer—resoplé.
Por culpa de como se retorcía, perdí el equilibrio, caí sobre la cama, parte en el colchón, a medias sobre ese cuerpo deseable, redondeado en su justa medida, voluptuoso...



2 comentarios:

  1. Lo tengo, lo tengooo, estoy por la tercera historia. Ayyyyy que bonitooooooo, me enccanta!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Leido enterito, adorable en una palabra, lo recomiendo encarecidamente.

      Eliminar

Bienvenid@.
Está habilitada la moderación de comentarios, no te preocupes si no aparece enseguida.