MICRORELATO: Tenemos chica nueva en la oficina.



Y, si, desde luego tiene veinticinco, y "es divina".

Final de mayo, y toca recibir en el trabajo a la chica que hará las prácticas como administrativo este año en la empresa. Normalmente se le asignan a la más antigua de la empresa, para que la tutele, la guíe, la enseñe. Pero este año, Carmen, la mayor de nosotras está de baja médica. Y, el "honor" fue todo mío.

No es que me incomode tener a una pibita de veinticinco, toda maquillada y en minifalda, con tres litros de perfume y taconazo pegada a mi trasero todo el día. Nooo, que va.  Puede ser que hasta me divierta.

Sí, seguro, sobre todo el primer día,

La vemos entrar, toda "perfecta" ella. Eso no se le puede negar, es monísima, divinísima y simpatiquísima. Se llama Jerónima, pero nos dijo que usáramos Nimi como diminutivo.

Vamos a mí me da igual, pero yo hubiera cogido a la madre que la parió y que permitió que le pusiesen a la criatura de apenas tres kilos doscientos gramos tamaño nombre, y le doy pa´l pelo.

Que si, que vale, que son nombres tradicionales en la familia, pero, por favoooorrrr... Esa cosita chica, recién nacida, mirándote con esos ojitos claros y esa pelusita dorada en la cabeza, tan monísima, y tu vas y le pones "Jerónima". "Pa´matarla".(a la madre, al padre y hasta a la abuela)

Pegadita a mi trasero la tuve todo el día. Primero andaba calladita. Con una carita de niña buena. Le expliqué los sistemas de trabajo, ficheros, centralita de telefonía, etc. Le dije que una semana estaría más o menos en cada puesto para que tuviera al menos una noción de cada una de las funciones que podría desempeñar en una oficina medianita como la de nuestra empresa. Todo eso antes de la hora del café.

Nimi asentía y tenía un block pequeño, super coqueto, con flores rosas y un bolígrafo con pompón para anotar cada detalle. No hacía demasiadas preguntas, se limitaba a escribir y a seguirme por todas partes, mientras a la vez yo hacía parte de mis tareas asignadas de diario.

Lo bueno fue a la hora del desayuno. Las cinco que habitualmente estamos en la zona de oficinas, incluyendo a la jefa de personal, solemos bajarnos al bar de enfrente a por el cafelito y un "mollete de Antequera" con aceite de oliva, en mi caso, y cada cual lo que le apetezca. Tenemos escasos veinte minutos, pero vamos, lo aprovechamos bien.

Esta vez, me llevé a la chica nueva con nosotras. Pobrecita, no la iba a dejar sola en el comedor de la empresa, ante la máquina de café que hace desastres en vez del susodicho líquido, y termina una con el estómago peor que mal. Las otras, ante Nimi, andaban un poco a la defensiva. La muchacha es mona, jovencita, y claro, allí estamos todas entre los treinta y tantos y la cincuentena. Sí, lo admito, las mujeres rivalizamos mucho en ese sentido entre nosotras. Somos un grupo homogéneo en la empresa, las cinco, bueno las seis si quitamos a Carmen que anda de baja, nos llevamos bastante bien. Pero siempre el proceso de una nueva "hembra en la manada", suele ser el mismo. Andamos un poco de uñas hasta que no sabemos de que pié cojea la nueva adquisición, aunque esta sea eventual y por prácticas.

El ambientillo no fue tan relajado como era habitual, aunque la chica no pareció  notarlo demasiado. También era la primera vez que se veía entre nosotras y se deshacía en sonrisas para todo el mundo, y hablaba más bien poco. Pero sí, todas la miraban cómo posible rival. Eso no me hizo demasiada gracia. Como "guardiana" de la chica, me decidía ha hablar luego en privado una a una con las demás, empezando por mi jefa, para que relajásemos un poco los nervios. La chica iba a estar allí tres meses y no íbamos a estar todo ese tiempo saltando como un gato escaldado.

--Que sí, que te comprendo lo que dices--me comentó María, mi superiora,--Pero ten en cuenta que es una muñequita de veintipocos. Aquí todas estamos en "una edad mu´mala". Sabes cómo están los trabajos, y es normal que las chicas se pongan nerviosas, Ven en ella a una rival. Es guapa, se viste bien, recién salida de sus estudios. Cualquier jefe puede mandar a una de nosotras a la calle, me incluyo, por una cosita mona como esta.

--Vamos María que aquí las dos entramos casi a la vez. Nuestro departamento está compuesto mas que nada por mujeres. No tenemos jefe masculino, a no ser el mismísimo "super-dire". Y todas conocemos a Manolo, a la mujer de Manolo y a los tres niños que tienen. Él no se va a dejar influenciar por una pivita de veintipocos y va a echar a una compañera válida de su trabajo por que sea esta chica monísima.

--Ya, pero eso, incluso puede venir por orden de mas arriba que nuestro Manolo. Así que, si quieres, yo me encargo de suavizar a las demás, pero no te garantizo nada.

Suspirando volví a mis tareas. La había dejado con Ana,  de la centralita, mientras esta, le explicaba, mecánica y bastante secamente su trabajo. En fin, poco podía hacer mas. Mientras terminaba mis tareas y aun Nimi continuaba tomando notas de cómo funcionaba todo el tinglado de los teléfonos, y la dejaban contestar a alguna que otra llamada. Termine lo que traía entre manos para aquella mañana. Me encargo de los pedidos de material, tanto de oficina cómo de fábrica, atender nuevos proveedores, etc. Mi trabajo es mucho teléfono, fax y e-mail, mucho recuento de almacén y estar atenta a todo el tema por que no debía faltar nada para el correcto funcionamiento de la fábrica.

Al fin llegaron las dos, y como las otras emprendieron el vuelo, y yo, había de esperar que mi marido terminase de ducharse para irnos (trabajamos en la misma empresa), bajé tranquilamente las escaleras desde el segundo piso, charlando con la chica nueva.

Una vez fuera del horario de trabajo, y mientras ella esperaba a un familiar que la recogiese en Zona Franca, donde está nuestra empresa, la chica pareció relajarse.

--Pues tengo dos nenes-- me soltó tan campante.

--Anda, mira que bien--dije yo sin saber que decir mas.

--Sí, son Dakota, y Jonathan.

-.Que nombres mas... monos.

--Huy sí, es que el papá de mis nenes es "americano", yo vivía cerca de la base de Rota, y lo conocí en una salida con mis amigas. Es de origen portoriqueño.

-Anda.-- Sí así te quedas ante ataques de sinceridad de una desconocida, no sabes que hacer o que decir ¿a vosotras no os pasa?

--Fuimos novios unos meses. Pero ya hace años que lo trasladaron y no se hizo cargo de los nenes. Mi niña tiene ahora seis años y mi niño cumple cinco.

--Se llevan poquito.

--Ni un año.

--Ajá--le di un sorbo a mi lata de refresco. Nimi continuaba con su arranque amistoso y sincero.

--Me ha costado mil trabajo estudiar y llevarlos adelante yo sola.

--Pues te debes de sentir muy orgullosa.

--Claro, y encantada que me den esta oportunidad.

Los trabajadores de planta empezaban a pasar por el comedor, algunos directos a la calle, otros a pillar agua o un refresco, los demás hacia vestuarios. El nuevo turno se cruzaba en esos momentos y Nimi sopesaba a cada "macho" que pasaba. A mí no se me "escapa a una".

--¿Oportunidad?-dije y con inocencia, mientras la veía observar a cada ejemplar masculino que pasaba. Algunos me saludaban, por que me conocen hace años, otros la miraba a ella, por que sí, Nimi es toda una muñeca.

--Oh, claro, estoy buscando "papi" para mis nenes. Aquí he visto una cantidad grande de chicos entrar entre veintitantos y cuarenta años, y alguno por lo que veo bastante potables. Me gustaría sber cuales de ellos son casados, solteros, etc.

-Ah...--No sabía que estaba en un mercado de "carne" pensé. Mientras veía a un par de compañeros de planta pasar, saludarme y también quedarse prendados de Nimi.

--¿Tú estás casada?

--Sí, desde hace cerca de diez años.

--¿Dónde trabaja tu marido?

--Aquí mismo, en planta, estoy haciendo tiempo para que salga de la ducha, nos vamos juntos para casa.

--Ah, estupendo, tienes que decirme quién es, para, bueno, respetar tu territorio. Por que yo aquí pienso salir con novio. Y voy a atacar a cada ejemplar que se me cruce por delante, pero vamos, a la de ya.

Casi me atraganto cuando es precisamente mi marido el que sale el último por la puerta. Ya os lo he descrito anteriormente No es que sea mister España, pero con cerca de un metro noventa, rubiote, y bastante fuerte, a pesar de llevar el uniforma azul de su trabajo de mecánico, vamos está bastante atractivo, incluso sudado cómo iba, el pelo cortísimo, medio revuelto y con la cara algo tiznada.

Noté cómo Nimi sacaba pecho y lo remiraba de arriba a abajo. Él también miró hacia donde estábamos sentadas y sonrió.

--¡Por todos los...! ¡Qué pedazo de hombre!--soltó NImi por esa boquita pintada de rojo escarlata y en mi oíd.--. Esta cómo un queso ,¿Cuántos años puede tener?

--Cuarenta y dos.--cómo para no saberlo.

--Pues está divino, hasta medio sucio.

--Qué me vas a contar.-- Dije yo viendo cómo mi marido sacaba una botellita de agua de la maquina y se la bebía enterita. En plan entre el antiguo anuncio de la cocacola, y el primo de zumosol.

--Oh Dios, viene para acá. --Nimi, sacó mas pecho, cruzó pierna y prendió pedazo de sonrisa tipo "profident" a su boquita. Mi marido no se desvió un ápice, llegó a nuestra altura.

--Hola nena--.Se inclinó y me plantó un beso en todos los morros. Por el rabillo del ojo vi la expresión de la chica a caballo entre la estupefacción y la extrañeza--.Me ducho enseguida y nos vamos a casa. ¿Hás tenido un buen día?

--Normal, como siempre, gordi.¿Y tu?

--Se rompió un manquito en la sala de calderas y "el Paco" acabo de aceite hasta , no te quiero decir dónde, a mi me cogió fuera.--Se rió, sin mirar siquiera a la muñequita que tenía al lado--.Pero me ha tocado cambiarlo y acabar de limpiar con otro compañero. Estoy asqueroso, así que a la ducha, dame diez minutos.

Dicho esto se dio la vuelta y se largó, apenas asintiendo a la chica que tenía yo al lado que se había quedado muda.

Al fin él salió del comedor en dirección a los vestuarios, yo, tranquilamente sentada, me tomé otro sorbo de mi refresco.

--¿Decías Nimi?-- Solté yo con cierta sorna y el retintín de: Si te acercas a mi hombre te "moñeo".

--Na-da, que tu marido es muy simpático.

--Oh, sí, mucho.

El teléfono de Nimi sonó con un toque de wassap. Ella lo miró y se levantó a la vez en n salto.

--Me esperan en la puerta, he de irme. Gracias por, bueno, el refresco y ser mi tutora, y eso.

--No hay de que guapa.

La vi marcharse azorada y rápidamente de allí, Reprimí las ganas de dar una carcajada, porque me tomarían por loca, aunque el comedor estaba a esas horas después del cambio de turno, desierto,

Una vez en casa y mientras almorzábamos, le conté lo de la "chica nueva de la oficina".

--Ah, la cosilla chica que tenias sentada al lado, supongo.

--Sí, NImi se llama.

--Qué nombre mas raro.

--Ya, cosa de sus padres. Ah, le has parecido guapísimo--le solté a bocajarro.

--¿Si? ¡vaya, eso le sube la moral a uno! Y eso que iba llenito de  mierda, si ve la foto de la última comunión que fuimos cuando estrené el traje de chaqueta...

--Se le caen las bragas, desde luego, vamos el tanga. Y va en busca de novio, marido y padre de sus dos churumbeles. Así que ¡cuidadito!

--Joder...

--Y de eso también que quiere...- añadí, con una carcajada. Él la secundó.

--¿Dos niños?

--Siiiip, no se si me dijo seis y cinco años.

--Ufff se ha dado prisa, se la veía jovencilla.

--Bueno, si te interesa, con ella tienes la familia formada, parejita de nenes incluida--le sonreí agitando mis pestañas mientras le daba otro sorbito a mi vaso de agua fresquita.

--Uff, quita quita... Se lo diré a Juan, que busca novia, a ver si le entra. La que tuvisteis el año pasado era muy sosa y no le gustaba, a ver si este año casamos ya al Juanito..Le diré que así se ahorra cambiar pañales, que esta los tiene medio criados.

Con esto coge el whatsapp y le manda mensaje a su compañero de curro. Este contestó inmediatamente, pidiendo mas datos. Lo cual nos hizo dar una carcajada mientras quitábamos la mesa. Juan la había visto al pasar, era uno de los chicos que me había saludado y echado una miradita a la muñequita sentada junto a mí.

No paró de mandar mensajes pidiendo datos y más datos de la chica, hasta que mi gordi apago el móvil hastiado.

--Este se está poniendo pesado ya tanto preguntar, joder, que se las componga. Quiere que tú se la presentes. Mañana estoy yo libre, así que te llevas el coche. Y te he echado a ti "el muerto".

---Por todos los...¿me tienes que meter a mí en todos los líos de Juanito?

Con el lavavajillas puesto, la mesa recogida, mi gordi envolvió sus manazas en mi cintura, achuchándome cómo sólo él puede hacerlo.

--Desde luego la chica es mona...

Yo le miré de reojo, volviendo la cabeza apenas mientras secaba la encimera. Pero me quedé callada.

Una punzadilla de celos en la boca de mi estómago. La verdad, no soy del tipo territorial. En el trabajo hay compañeros y compañeras y desde años se conocen la mayoría, se gastan bromas y la verdad, yo soy de las primeras que me meto en el grupo. Pero sí, mi marido es un ejemplar guapetón, no es perfecto, pero, tal y cómo está el patio, con trabajo fijo, su altura y su sonrisa, pues es un "bocado apetecible" para una pivita de veintipocos, con las tetas aun bien altas- no sé si gracias a un buen wonderbrá. Yo ya tenía treinta y ocho, y claro, en comparación, seguramente saldría perdiendo.

Mi marido continuó metiendo su nariz en  mi pelo, aspirando y llevando levisimamente sus dientes hacia ese punto de mi cuello que... madre... mis bragas hacían caída libre.

--¿Te vienes a dormir la siesta?

Oh, por todos los... si SI SIIIII, gritaron mis hormonas. Pero mi "yo cabroncete", me hizo volverme  hacia él un poco bruscamente. Debió de ver algo en mi mirada, pero en vez de preguntar, o de decir algún inconveniente, me atrapó contra el mármol que acababa de lustrar y me zampó un beso "mojabragas" en toooda la boca mientras atrapaba mi nuca con una de sus manos.

Aun así, cuando se separó unos centímetros de mi boca, mi mirada debía de ser la misma.

Mi marido soltó una carcajada agachándose, y metiendo su hombro contra mi cintura, y abrazando mis piernas, me echó sobre el hombro como un saco de patatas. Yo chillé, puesto que precisamente ligera no soy de peso, pero el jodío hombre parecía mas que decidido.

-¡Bájame, hombre,  que te vas a lastimar!--chillé sin saber donde agarrarme, con mis ojos en visión directa a su trasero apretado con sus bóxer grises.

--Ah, no, este hombre va a demostrarte ahora mismo que eres la única mujer de su vida...

Aiiinnnnsssssssss, dijeron todas las hormonas al unísono. Mis bragas se perdieron antes de cruzar el pasillo y el resto de mi ropa (una camiseta del Cádiz Futbol Club antigua) y un sujetador horroroso de andar por casa, creo que voló hacia la lámpara.

El resto, me lo callo, pero ya os lo imagináis, Una buena cantidad de suspiros, gemidos, y un cabecero de madera que golpeó hasta la saciedad la pared. Cualquier día abrimos ahí una ventana nueva.

Vivan las siestas bien acompañadas.


* * *


Sí, me tocó a mi las presentaciones al día siguiente. Bueno Juanito le entra a todo lo que se menea, estaba esperando en el comedor a que bajásemos a la hora del desayuno, justo en la escalera para hacerse el encontradizo. Pero a pesar del metro ochenta y tantos fibroso y aunque ancho de hombros, de sus ojitos verdes y de su arte "andalú", tal y cómo iba, con todo el uniforme de mecánico lleno de grasa, como que a Nimi no le hizo mucho tilín. Y eso que él se deshizo en sonrisas.

Después de su ataque de sinceridad del día anterior, la chica se mostró cautelosa. Nos miraba a todas de hito en hito. Sabía que había metido "la gamba", y conmigo. Aunque yo a las demás no dije nada, no quería alborotar mas el gallinero. Sobre todo porque dos más de nosotras, estamos casadas o con chicos del trabajo.

Nimi llegó, NImi estuvo tres meses, y Nimi se fue sin pena ni gloria. Agitó sus largas pestañas por toda la planta, pero Juanito, después del desplante, no le entró más. Y el resto de los compañeros  casados, solteros y demás tampoco. Y eso que sé que ni mi marido ni yo soltamos prenda del asunto.

Juanillo poco tiempo después conoció a una de mis amigas,  Úrsula, la motera. Pero eso lo contaré otro día, Eso si fue un melodrama divertido..

Aunque os advierto. Nimi, anda suelta por la provincia, así que ¡cuidadin con vuestros hombres!

jejeje.


Alexis J. Regnat






1 comentario:

  1. Te superas...jajajaj. me encantas tus microrelatos.
    Sol Perez

    ResponderEliminar

Bienvenid@.
Está habilitada la moderación de comentarios, no te preocupes si no aparece enseguida.