MICRORELATO: Hoteles "Con Encanto"




--¿Nos vamos a Granada, estas vacaciones, un par de días o tres?

Ambos estábamos pensando en hacer una escapadita romántica. Coincidíamos unos pocos días de final de octubre, y no era cuestión de irnos a la "gran puñeta" sino, cambiar de aires, y desestresarnos, ver cositas distintas. Y por supuesto, disfrutar de nuestra mutua compañía.

Hacía ya por lo menos diez años que no visitábamos la ciudad. La última vez que fuimos estuvimos en un hotelito maravillosa, céntrico y de tres estrellas. Era perfecto, La única pega es que la limpiadora era sorda y despistada, y siempre te pillaba dentro de la habitación, bueno, te pillaba y punto...jeje (y esos días eran parte de nuestro viaje de novios)

Yo soy fan de los hoteles "con encanto".  Adoro los que están hechos sobre fincas rehabilitadas, en el casco antiguo de la ciudad. Con mobiliario rústico o clásico. No se, con arte, con solera.

--Tengo que buscar uno como el que estuvimos el año pasado en Salamanca-- solté tan a gusto.

Mi marido dejó la tablet casi caer, me miró abriendo mucho los ojos.

--Uffff... Ten cuidado con eso que con el susto que nos llevamos el último día en aquel sitio...

Se refería a que decidimos salir muy temprano desde Salamanca. Aprovechar lo máximo el día, eran unas ocho horas de viajes, haciendo las oportunas paraditas. Así que dejamos todo preparado, para levantarnos a las cinco y poco mas y salir  a las seis al menos, en busca del coche.

Nos levantamos, nos arreglamos, una miradita a la habitación de no dejarnos nada detrás... y yo abrí la puerta, arrastrando mi maleta color rojo.

Y no sé como no pegué un grito y me "arreguindé" a la lámpara en ese mismo instante.

En medio del pasillo, una señora de unos sesenta, con redecilla en la cabeza, batita de boatiné con volantitos rosa, en zapatillas, y en la penumbra.

--¡Coño!-- fue la simple , explicita y más que acertada palabra que soltó mi marido. que me seguía justo detrás, para cerrar la puerta, también con su maleta.

Manos mal que la mujer habló en esos momentos, porque juro que parecía una aparición, en aquel pasillo oscuro y estrecho de casa antigua remodelada como hotel.

--Buon giorno... --nos soltó la señora--.Escusi-- Era italiana a todas todas. Aunque con su acento hablaba bien el castellano--.¿Pueden ustedes avisar en recepción que no tenemos luz desde anoche en nuestra habitación?

-Buenos días, si señora, pero, en recepción es domingo y no hay nadie hasta las nueve.

El día anterior lo había dejado todo arreglado. El hotel lo habíamos reservado y pagado y al salir solo teníamos que dejar la llave-tarjeta en un buzón para lo mismo al lado del mostrador. Y por supuesto, cerrar tras de nosotros la vetusta puerta de entrada.

La señora puso una cara de agobio/decepción impresionante. Me dio cosa con la pobre, aunque me hubiese dado un  susto de muerte un minuto antes. Me volvi a mi marido.
--¿No será que se les ha bajado el interruptor ese... lo que hay detrás de la puerta leñe...--a veces se me trabucan las ideas, y no encuentro esa palabra, ¿no os pasa también a vosotros?

--Si-- dijo mi marido-- puede ser. El diferencial puede haberse bajado. Esto es una finca antigua.

--Señora,¿ no ha mirado usted detrás de la puerta. en la caja de los interruptores? puede ser que hayan tenido una subida de tensión y se ha bajado alguna de las palanquitas.

La mujer pareció entender el asunto y nos abrió mas la puerta de su habitación.

--¿Podria usted mirarlo, signori?

Suerte tiene la señora que mi marido sea un manitas. Él se asomó tras la puerta, y sí, un interruptor estaba bajado. Le dio simplemente hacia arriba y la buena señora al fin tuvo luz.

Nos dio mil veces las gracias. La pobre había estado a oscuras toda la noche y la verdad había estado nerviosa y agobiada por que se le notaba. Había escuchado el movimiento en nuestra habitación y supuso que saldríamos temprano. Por eso nos la encontramos como a las gemelas fantasmales del hotel ese... esa película... ay, leches, que no me acuerdo.

Nos despedimos de ella y bajamos raudos en el microascensor. Era tan pequeño que.. no la liamos esta vez, no teníamos espacio y solo estábamos en el segundo, no seáis mal pensados.

Pues bien recordando esto, mi marido dice.

--Ten cuidado con el hotel que escoges que ya nos conocemos.

-Ah vamos, cariño, un hotel con encanto siempre será mas bonito que otro todo formica negra y paredes pintadas en dos tonos ocres, lámparas horrorosas de papel japonés. Y, aunque la cama sea un campo de fuútbol por el tamaño, no le damos "el habío". No hay, romanticismo Acuérdate del que estuvimos en Madrid. Monisimo modernísimo y sosísimo.

Me salí con la, mía, pero.. por última vez. Seguro.

Todo amaneció bonito en Cádiz, pero pasando Sevilla, y el puente del Centenario antes de hora punta de la mañana, empezó a ponerse oscuro y a amenazar unos nubarrones...

Cuando llegamos a Granada estaba cayendo el diluvio universal. Buscamos un parking subterráneo y, con el traficazo que había de las dos de la tarde de un viernes, nos metimos hasta por una calle de esas que te sacan la foto y te cobran cincuenta euros. Hay que... Estaban de obras, y nuestro navegador, estaba loco. Así que no le podemos echar la culpa a nadie.

Al fin metimos el coche en el parking, cogimos nuestras maletas, y sin paraguas, refugiándonos bajo los aleros de las fincas de las calles. Caminamos por la calle deprisita, sorteando gente y tráfico para llegar a nuestro "hotel con encanto"

Sí, con encanto.

En la publicidad nos decía que, cuando viajaba a Granada, se alojaban en ese mismo hotel, Federico Garcia Lorca y otro escritor famoso de la época, que no recuerdo el nombre ahora.

Yo iba ilusionada perdida con conocer un trocito de historia. La foto que ponía en internet era preciosa. Sillones Luis "yonosecuantos", esos de patas con forma de garra, brazos, en pan de oro y con un tapizado precioso en tonos celestes y ocre dorado, formando líneas con una especie de arabesco.  Junto a una ventana de balcón abierta, al fondo la montaña de la Alhambra y una mesita con un par de cafés, un periódico, y un jarroncito con una sola rosa roja. Romantiquisimo. Ainnnssss (suspiro requetehondo)

Llegamos, y nada más entrar ya tropecé con el escalón. Tengo la mala costumbre ir golpeándome con cualquier cosa ( con el agua que estaba cayendo, como que de llevar las gafas nada de nada). Y puedo "vanagloriarme" de haber visitado todos y cada uno de los hospitales de cada sitio que viajamos, Córdoba,´Toledo. Salamanca... Creo que me quedaba el de Granada y estaba haciendo oposiciones para ello.

En fin llegamos al mostrador y dos tipos muy enchaquetados que parecían mafiosos estaban todo metidos en su papel. Rodeados de paredes de espejos, hornacinas en la pared, con jarrones antiguos y flores artificiales caras, y el nombre del hotel, en enormes letras doradas, con sus tres estrellas abajo .

Si, Tres estrellas. ¡La leche!.

Nos dieron la llave. No una tarjeta, Una llave de hierro.  Bueno, mi marido me miró con esa cara socarrona de  ¿tú no querías hoteles con encanto?

Yo me puse la primera y avancé hasta el minúsculo ascensor. Nos metimos allí, con  nuestras maletas, y se paró nada mas subir el primer piso. (nosotros íbamos a la planta tercera, a la 314 ¡no se me olvidará en la vida!. Habíamos pedido una con la cama grande, y nos dijeron que tenían una disponible solo, pero con dos camas de 1.35 y un sofá cama. Bueno en fin, compartimos cama, y la otra la dejamos sin usar, Ya está, es octubre y hace fresquito en Granada. Y mientras más juntitos, mas calentitos.

Pero como os iba contando, el ascensor se paró en el primer piso. Se abrió la puera y entró un hombre, en mangas de camisa de esas de cuadritos de trabajo. y con dos barreños de plástico , como los que tienes en casa para la colada. --Buenos días--, y le dio al mismo botón que nosotros, al tercero. Yo me pegue a mi marido. El tipo tenía algo de siniestro, con esos dos barreños...

Él salio el primero y enfiló un corredor hacia la derecha. Nosotros y nuestras maletas cogimos el de enfrente, con una raída alfombra, a lo mejor muy chic, en otra época. Miramos las puertas. Eran antiquísimas, del año 30 o antes, con una ligera moldura y pintadas a brocha en un color celeste grisoso. Las paredes en un gris similar con remates repintados oro viejo, pero tan viejo que perdía trocitos por todas partes. Apliques de la pared, en vez de lámparas de techo, con tulipas horrorosamente antiguas y cutres. 

Y mi marido detrás. Mascullando. 

--El tío que ha subido con nosotros tenía tipo de "sacamantecas".Esta noche atrancamos la puerta con la mesilla de noche"--. Yo le miraba apenas de reojo y no quise reírme, pues nuestra habitación estaba justo al fondo.

La puerta era enana. yo diría que parecía mas la de un trastero que la de un dormitorio de hotel. Y el otro detrás, 

-- Hoteles con encanto, hoteles con encanto... este tiene que tener hasta fantasma residente--. Yo le dí un manotazo en el cogote de broma mientras él trasteaba con la llave en la rancia y chirriante cerradura. Mi marido se volvió hacia mi.--No pretenderás que te pase en brazos por la puerta.--Resoplé ante su carcajada burlona.

Lo peor fue abrir la puerta. "ñiiiiiiiiiiiiiiiiii" ese fue el sonido que hicieron sus bisagras. Entré la primera y el tuvo que agachar la cabeza para no darse con el dintel.

--Pues si que eran bajitos los tipos de antes.-- rezongó detrás mío. Y luego...

Un suelo de terrazo, que parecía que no había sido fregado con lejía desde hacia lustros. Unas pareces en color beige desvaído, en algunas partes descascarillado. El techo altísimo. Estaba oscuro por que el día estaba lluvioso, le di al interruptor y, otra vez las tulipas horrorosas de pared. La lámpara del techo no funcionaba.

Los muebles antiquísimos, pintados con pintura plástica al aceite brillante, color marrón oscuro. Como lo que hacían las tatarabuelas cuando el mueble estaba viejo para que durase otros diez años más. Colchas verdes oliva sobre las camas, a juego con las cortinas. Una ventana de cristales de esos pequeños como a cuadritos, que daba a un patio desconchado y oscuro. Paseamos un momento por allí, con los ojos como platos. El ropero olía a naftalina como de vieja, cuando lo abrí por curiosidad. Dos mantas parduscas oliendo igual y una almohada suplementaria en el estante superior.

Y una puerta en color crema, a la izquierda que no cerraba del todo, porque estaba hinchada la madera, daba al baño. Entré.  Parecía que estaba hecho aprovechando una antigua galería de paso, con azulejos blancos de veinte por veinte. Una bañera de esas de un metro con escaloncito par sentarse, y las cortinas amarillo pollito. Los sanitarios en color rosa años sesenta. Y una pedazo ventana que como te ducharas con la luz encendida y salieses, te veía todo el mundo que diera la ventana al patio, porque no tenia cortinita.

Mi gordi, me seguía a dos pasos por detrás, tan cerca que me di la vuelta y me di de bruces contra su pecho. Me sujetó de los brazos para que no cayese y me susurró.

--Yo no duermo aquí ni borracho...

Yo moví negativamente la cabeza, decepcionada. Había imaginado otra cosa.

--Si quieres bajo a recepción y pido que nos cambien a otra habitación.

Salimos del baño y remiramos todo.

--Imagínate,--dijo con voz melodramática-- acostados aquí esta noche, con esa cama enorme pegada a la pared , vacía... que se empiece a formar un hueco y se arrugue esa colcha horrorosa... Aparece por la puerta del baño, la madre de psicosis... y en la puerta de entrada, Jack Nicholson, con el hacha... Y el "sacamantecas detrás". Aunque puede ser que sean el mismo.

Yo angustiada, seguía moviendo al cabeza negativamente...

--Fin de semana romántico, nena... Hotel con encanto...¡Aquí no se me levanta a mí ni...--le tapé la boca con la mano.

--Coge las maletas que nos vamos.--No estaba dispuesta a dormir allí, con aquel espejo herrumbroso que reflejaba la cama desde los pies, del cual parecía que en cualquier momento iba a surgir una mano fantasmagórica a cogernos del cuello.--Este hotel no se remodela desde que durmió aquí Lorca, y la verdad es que admiro su obra, pero no deseo charlar con él esa noche...

Y si. nos bajamos con nuestras maletas. Pero mala suerte o desidia, pero no había ninguna libre mas ese fin de semana. Nos cobrarían esa primera noche por la reserva, aunque nos fuéramos.

De verdad, nos dio igual...

Tomamos las maletas, lloviendo cómo estaba bajamos al parking donde dejamos el coche antes, guardamos allí nuestras pertenencias y salimos pitando.

En carretera, sin dejar de llover, hambrientos, agotados de coche, decepcionados, y de vuelta para Cádiz.

A lo lejos vimos un hotel de carretera. Era coqueto, no muy grande, de ladrillo rojo.

--Comemos algo , y si no hay comidas a estas horas, al menos un café.--Aparcamos el coche bajo una pérgola de hiedra natural enorme.

Corrimos hacia el interior. Todo era luz y calidez. Pared de madera pulida, cuadros de paisajes naturales de la sierra, de la zona. Por suerte aun servían el almuerzo, Nos atendieron con esmero. Habían allí al menos media docena de parejas, unas más jóvenes otras maduras. Todos charlando tranquilamente. El comedor no era muy grande pero si muy bien decorado, sencillo pero encantador.

Cuando mi marido se levantó a pagar la cuenta y yo recogía mi móvil y mis gafas para meterlas en el bolso. Cuando salí del comedor, él estaba ya en recepción. Me acerqué, tenía entre sus manos una tarjeta llave y una sonrisa de oreja a oreja. La chica de recepción nos sonreía también y me daba la bienvenida.

Sí, ese hotelito perdido en medio de una carretera de la sierra era perfecto, Tranquilo. Una escalera amplia, unos pasillos hermosos, iluminado de luz natural.

Y el dormitorio. Cálido, paredes enteladas en color azul intenso. Cama grande, de hierro forjado, doselada con gasas cremosas y susurrantes. Una ventana daba a la sierra y a una piscina cubierta.

Dejamos a un lado las maletas. El baño tenia una enorme bañera redonda de esas con burbujitas por todos lados, media docena de tarros de cristal con esencias con el anagrama del hotel...

-.Maravilloso...--suspiré arrobada.

Escuché tras de mí abrirse los grifos del baño. Yo acomodaba nuestra ropa en el armario. No le presté atención demasiado a mi marido, hasta que, desnudo como el día que nació aparecía a un par de metros. Recorrí de arriba abajo ese cuerpo que tan bien conozco, pero que a la vez tanto me excita.

--El baño está preparado, yo no voy a pedir permiso.-- se dio media vuelta y me dio una maravillosa visión de ese trasero apretado y de esas piernas cuyos músculos ondulan a cada paso que da. Y esa espalda de armario de cuatro puertas. ¡Ay la leche!

Mi ropa cayó camino del baño. Allí estaba él, como un dios nórdico rubio, desnudo entre la espuma perfumada del jacuzzi y la bruma levantada por el vapor del agua caliente.

Me tendió la mano, y no acabé por arrojar la pinza que sujetaba mi cabello al lavabo, cuando ya tenia mi pie metido en el agua. Él me atrajo hacia sí, y me hizo caer a horcajadas sobre sus muslos tensos y duros. Y algo mas duro quedó entre ambos, yo sonreí, mientras mi dedo, perezosamente, bajaba desde sus labios carnosos. Por el hoyuelo de su mentón con barbita de dos días dorada. Siguiendo cuello abajo, dibujando su clavícula. Cada vez mas abajo. Su vello rubio humedecido con gotitas iridiscentes y espuma. Y seguí...

Mas abajo.

Mnnnn

Fin de semana maravilloso, perdidos en medio de ninguna parte, en un lugar que parecía creado especialmente para nosotros, sin ninguna distracción más que, nuestros cuerpos, nuestros deseos, nuestros instintos. Una pequeña luna de miel.

Y sin fantasma residente...


Alexis J. Regnat

P.d.:(Lo del hotel granadino fantasmagórico es cierto, tengo fotografías para demostrarlo)





 

1 comentario:

  1. Jajajjaa ay pobres xD menos mal que todo acabo .......romanticamente
    Besitos reina

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